Aunque a la hora de escribir me desenvuelvo mejor con la prosa narrativa, sí que es cierto que en el pasado he practicado algunas incursiones en el terreno de la lírica. No sabría decir hasta qué punto son buenas o no. Todavía conservo algunas de ellas, poesías que nadie salvo yo mismo ha visto jamás.
A pesar de ello, una de mis favoritas es también de las primeras que creé y que me encontré el otro día husmeando entre archivos viejos. Cuando estaba en segundo de Bachillerato, el centro en el que cursaba tenía una revista hecha por y para los alumnos. Por probar la experiencia me apunté y aporté mi pequeño granito de arena en forma de una composición lírica satírica a la que titulé "El bizco vizconde" y que me ha parecido interesante compartir por aquí.
El bizco vizconde
El bizco vizconde se fue a una fiesta
yendo por un camino que parecía una mesta,
aunque mucho temía a aquel lugar ir
por todas las cosas que allí pudiesen ocurrir,
ya que bizco era el muy pobre
y de él todos se reían al escuchar su nombre.
¡Cómo se apenaba de ello el bizco vizconde!
En todo su feudo se oía hablar
de su gran defecto a cualquier juglar.
De ello se mofaba el campesino
y el villano, hasta el más mohíno.
Tanto de ello se divertía un niño
y los animales, de la vaca al armiño.
¡Cómo se apenaba de ello el bizco vizconde!
Allí a la fiesta fue en su carroza
en busca de alguna buena y noble moza,
que tal vez alguna hubiese que le quisiese
y que de su defecto nunca se riese,
alguna que para siempre le amara a él
y le diese a probar del amor la dulce miel.
¡Cómo soñaba con ello el bizco vizconde!
Al llegar allí la gente de eso nada dijo
porque amabilidad se aprendió cuando se era hijo.
Pero de él se burlaban en el fondo
dentro, muy dentro, en lo más hondo.
Pero el bizco vizconde ya sabía eso
cómo lo sabía, ¡ni que oliese a queso!
¡Y cómo se apenaba de ello el bizco vizconde!
Pero aquel día la fortuna le sonrió
y entre el gentío a una bella dama vio.
Al momento la una del otro se enamoró
porque Cupido a cada uno una flecha disparó
y meses después, el vizconde en su villa
contrajo nupcias con aquella dulce chiquilla.
¡Cómo se alegró de ello el bizco vizconde!
Y esto que os cuento, que es gran verdad
es secreto bien conocido, aún sin tener maldad.
Que la bella moza del vizconde se aburrió
y a otro hombre, plebeyo, pronto se unió.
Y allí, juntos, ocultos, entre el heno
el vizconde tuvo cuernos más grandes que un reno.
¡Cómo ignoraba todo ello el bizco vizconde!
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