Siempre he tenido muy presente en mi vida la filosofía del "carpe diem". Disfrutar el presente y no preocuparse en exceso por el mañana. Y, sin embargo, cuando veo a otras personas ejerciendo esa misma idea no puedo evitar pensar en que lo estoy haciendo mal.
Nunca he sido un chico muy sociable. Las turbulencias de mi infancia no me permitieron entablar muchas amistades y, con el tiempo, me volví una persona muy cerrada. Con el tiempo he conseguido salir del cascarón y, aunque todavía soy joven, tengo la sensación de que nunca lo fui y nunca lo seré. Veo a otras personas de mi edad desinhibirse en fiestas ruidosas donde se divierten y no soy capaz de encontrar el gozo en ese lugar. Tal vez con la música, pero lo que es el alcohol... La principal ayuda a la hora de desinhibirse, algo que en una ocasión probé y nunca me gustó. No me veo reflejado en ellos... De igual manera, tampoco me siento joven en el sentido de la búsqueda de experiencias. Mientras otros quieren viajar y conocer, yo siento un desapego profundo por salir a conocer otros mundos de esta, nuestra realidad. Ni en las redes sociales, tan relevantes a día de hoy, puedo encontrar algo de interés.
Y ya no es solo el alcohol. Otras bebidas populares, como el vino o el café, me disgustan. Por ello, en eventos donde son clave, me convierto en el "rarito" que se pide un refresco. No es de mala educación, pero llamo la atención por lo fuera de lugar que está. No soy un alienígena, no tengo características bizarras que me conviertan en una atracción de circo ni nada por el estilo, pero a veces... Estoy tan desapegado del mundo que no puedo evitar pensar en que lo soy. Dudo que sea único. Resulta una probabilidad muy remota dentro de un planeta con ocho billones de habitantes. Mucho menos me considero especial, pues carezco de cualidades sobresalientes. Sé cual es mi problema, y es que me falta pasión. Pero no salgo a buscarla y me hundo en la indiferencia. No en la miseria ni en la tristeza, solo en la indiferencia. En el desapego más absoluto por la vida.
Me conformo con existir y ya está. Disfruto de mis horas a mi manera, generalmente solo, a pesar de que me encantaría tener una compañía más permanente para llenarlas. Aunque ese alguien tenga que llegar como caído del cielo... ¿Estoy siguiendo bien la filosofía del "carpe diem"? No lo sé. Y, en ocasiones, lo dudo.
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