Lluvias torrenciales

 

Buscad las lágrimas del cielo adusto

que otorga vida y muerte por capricho.

Y que nadie ose poner en entredicho

que la catástrofe no es de su gusto.

 

Culparle de estos males es injusto;

por mucho que los ciegos lo han desdicho

tiempo atrás la falta se hubo predicho

y el gran asunto no es menos vetusto.

 

En las alturas se halla esta condena

que hacia nuestro final nos precipita

y que ningún ser poderoso frena.

 

Con anuncios sordos la Tierra grita

el destino que nos llega sin pena

y que ya nuestra insensatez invita.

 

Este soneto está inspirado en los últimos episodios de DANA registrados en nuestro país, que se han cebado con graves inundaciones en algunas zonas. Y todo esto sucede tras una época de sequías graves. Tales desequilibrios no son normales y creo que la causa de todo esto es más que clara, por mucho que determinados sectores de la población se empeñen en negarlos con vehemencia.

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