Buenos días, mi amada niña hermosa.
Gracias por esta noche cobijarme
y siempre con mucho amor abrazarme
entre tus mantos de seda y de rosa.
Entre tus brazos no existen, preciosa,
pesadillas que puedan atraparme.
Ya que aquí únicamente han de embargarme
buenos sueños, cuentos en bella prosa.
Es la mayor luz de la oscuridad.
Contigo ningún mal puede ganar.
Tú eres la cuna de la gran bondad.
Desdichado aquel que no ha de pasar
la noche hundido en tu comodidad,
leyenda que
siempre se ha de cantar.
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